top of page

yo manejo Dios me guía

Yo manejo.
Dios me guía.
Lo dice el letrero torcido
en la parte trasera del camión
y lo repito como quien repite
una mentira necesaria.

La ciudad pasa
—no sé si huyo o regreso—
semáforos como párpados cansados,
calles que me saben el nombre
y aun así me dejan perderlo.

He sido yo
en demasiados cuerpos,
he firmado con tinta ajena
mis propias renuncias.
Me encontré una vez
en el reflejo de un escaparate
y crucé la calle para no saludarme.

Conduzco.
Las manos firmes,
el pensamiento errante.
Dios, si existe,
va distraído mirando el paisaje
o tal vez duerme
como duermen los copilotos confiados.

Perderse es fácil:
basta seguir recto.
Encontrarse, en cambio,
exige detener el motor,
escuchar el ruido interno,
aceptar que uno también es tránsito,
polvo sobre asfalto caliente.

Yo manejo.
Dios me guía.
Y entre curva y curva
dejo versiones mías,
esperando que algún día
me atreva a subirlas conmigo.

guárdame una rosa te lo suplico 

Guárdame una rosa, te lo suplico,
no por su belleza
—la belleza siempre llega tarde—
sino por su cansancio.

He perdido tantas veces
que ya no distingo
si el amor se va
o soy yo quien se queda
mirando cómo se cierra la puerta
con educación.

La ternura no salva,
apenas sostiene.
Es una mano temblando
en medio del derrumbe,
un gesto mínimo
cuando todo lo demás fracasa.

Te quise así:
sin estrategia,
sin la épica del vencedor,
como quien vuelve a apostar
sabiendo que el juego
está arreglado en su contra.

Cada amor me despoja.
Quedo más simple,
más expuesto,
más dispuesto a creer
que esta vez no dolerá
de la misma forma.

Guárdame una rosa,
aunque se marchite.
He aprendido que perder
también es una forma
de permanecer.
Que enamorarse, incluso después,
es la última fidelidad
que todavía me debo.

Ricardo Villalobos cállate ya

Crear es romper el orden
como quien arranca una costra
antes de tiempo.

Nada está limpio.
La forma aparece
cuando el control se abandona,
cuando el error insiste
hasta volverse método.

Me pierdo a propósito.
Hago de la confusión
una habitación habitable,
de la repetición
un trance.

Crear no explica,
desobedece.
Desarma la realidad
y me deja adentro,
sin mapa,
más lejos de todo
y, por eso mismo,
un poco más cerca.

puta madre odio Sears 

Coca Cola sin azúcar por favor

Existir es insistir
en gestos inútiles
con plena conciencia de su inutilidad.

No me quiero morir.
Solo quiero
que nadie me venda la vida
como si fuera
una promoción limitada.

El dinero no se piensa:
se padece.

Lo amo porque promete
una salida de emergencia,
lo odio porque siempre
está señalizada
en el plano equivocado.

Es sucio tocarlo
y más sucio no tenerlo.
Con él compro tiempo,
sin él lo regalo
a trabajos que no recuerdo.

El dinero ordena el deseo,
le pone precio a la rabia,
convierte la necesidad
en vitrinas bien iluminadas.

Puta madre: lo quiero.
Puta madre: lo desprecio.
Es una fe sin dios
que exige devoción diaria.

Yo no quiero ser rico,
quiero no pensar en él.
Pero ahí está:
como una tienda abierta
dentro de la cabeza,
vendiendo todo
menos la calma.

© 2026 CIUDAD DE MÉXICO

bottom of page